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LA BÚSQUEDA DEL MISTERIO                    POR JAMY IAN SWISSS

Si algo sabe un mago, debería ser el significado de la palabra «magia». Como se ha dicho en otra parte, salimos con desventaja al tener encasquetada una multitud de asociaciones negativas. ¿La magia quiere decir cajas descomunales en las que infligimos torturas nada convincentes a víctimas pagadas y carentes de interés?¿Payasos retorciendo globos en fiestas de cumpleaños? ¿Superficiales trucos obviamente publicitarios camuflados de sustancia? ¿Trucos con sujetadores y penes de esponja? Para algunos esto,tristemente, es «magia». Para muchos otros es terapia de aversión a la magia.

La magia parece tener algo que ver con crear ilusiones, la ilusión convincente de lograr lo imposible. Pero, ¿cuál es la experiencia que queremos ofrecer a nuestro público? Quizá queramos devolverles una sensación de maravilla infantil. Esa manida, deprimente y sin duda extraordinaria afirmación se repite una y otra vez en el mundo de la magia, aunque nunca parece contener el menor significado o compromiso. ¿Qué queremos decir con este sentido de la maravilla? ¿Queremos decir que un público de, por ejemplo, ingenieros mecánicos van a ponerse en pie, contemplando con los ojos como platos, llenos de admiración, a un hombre que sabe usar un falso pulgar y tiene que meter en él un trapito rojo?¿O se van a maravillar ante el espectáculo de un poste de tres metros saliendo de una bolsa de papel? Eso debe de ser. Puedo convertir un pañuelo rojo en verde. Ahora, puedes adorarme. Me parece que la mayor parte de lo que se dice sobre ese sentido de la maravilla infantil son tonterías. Encuentra al niño dentro de ti y abofetéalo.

Para mí, el mundo está lleno de misterio y maravilla; no en el sentido en que un niño experimenta la sensación de maravilla, sino de la forma en que un adulto plenamente formado, libre de miedo y superstición, la experimenta. Me gusta presentar mi arte a adultos inteligentes que están mental, moral y estéticamente implicados en el mundo.Este es quizá uno de los curiosos efectos secundarios de la magia que pueden servir como interesante diversión para quienes la practican. No me interesa la sensación de maravilla que nace de la experiencia del desconocimiento. Para mí, la sensación de maravilla surge de la conciencia, del conocimiento y del entendimiento. –«Puedo engañarte»– cansa rápidamente. Después de todo, ¿a quién le apetece esa experiencia? Exigiría una importante dosis de masoquismo.Del mismo modo, si el mago no ha sabido definir qué significa a magia para él, habrá trivializado su medio, y el público se dará cuenta de forma implícita. Tras unos momentos de diversión ligera, la experiencia se deja a un lado y se olvida rápidamente.

Creo con firmeza que, en primer lugar, lo que un público busca en cualquier artista es un punto de vista. Solo cuando un artista comunica su propio punto de vista entonces el público puede empezar a decidir por sí mismo. El hecho de que tantos magos se abstengan de tomar una decisión clara en ese sentido hace de la magia una experiencia tan frívola de mínima importancia o significación. La ecuación es sencilla: el público no puede sacar de la experiencia más de lo que tú hayas puesto en ella. Por lo general, el público tampoco hará el trabajo por ti. Si inviertes reflexión y esfuerzo necesarios para desarrollar un punto de vista y encontrar formas de transmitirlo en tu actuación.¿Qué quiero decir con punto de vista? No necesitas enunciarlo explícitamente, de hecho, la esencia del buen arte está en mostrar, no en contar. Para mí, ahora, cuando escribo estas palabras después de cuarenta años haciéndome esta misma pregunta: la magia es la experiencia del misterio. Pero la magia no es solo eso. Como medio de comunicación, se puede usar para invocar ideas y sensaciones

James Randi: «Sabemos cómo engañar a la gente, y cómo reconocer cuándo están siendo engañados». Puedo usar este conocimiento simplemente para seguir engañando… pero puedo también ir más allá de esta franja de territorio peligrosamente estrecha y ofrecer a mi público entendimiento y comprensión.

Hoy en día me interesa menos que nunca ser un entretenimiento ligero o una agradable distracción. Se lo dejo a otros. Tengo a mi alcance –no de forma instantánea ni con facilidad, sino con gran esfuerzo, al menos en potencia– el poder de crear una experiencia única. Y como escribió Eugene Burger hace tantos años, «Si yo no me lo tomo en serio, ¿cómo puedo esperar que mi público lo haga? En su vida cotidiana, mi público dispone de infinitas ocasiones de divertirse, desconcertarse y distraerse. Quiero conseguir algo especial, más importante, y estoy totalmente comprometido con mi objetivo. Nadie me va a disuadir. No voy a limitarme a divertir. No voy a limitarme a distraer.
Voy a ofrecerles la experiencia del misterio.

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